En 1987, sin embargo, vuelve desaparecer el entusiasmo tras demostrarse que los sistemas expertos eran difíciles de escalar, caros de mantener y poco adaptables a contextos específicos. La iniciativa japonesa fracasó, y muchas expectativas volvieron a quedarse cortas. Esto provocó un nuevo colapso de la financiación, y la IA volvió a caer en “popularidad”, dando lugar a un nuevo ‘invierno de la IA’ que se extendió desde finales de los años 80 hasta mediados de los 90, marcado por una fuerte caída de la inversión y una pérdida de confianza en la utilidad real de los sistemas de IA.
En 1997, aunque con menos euforia, algunos logros concretos devolvieron cierta credibilidad a la IA cuando Deep Blue, el famoso ordenador de IBM fue capaz de ganar al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, logrando que el mundo volviera a soñar con que las máquinas podían superar a los humanos en algunas tareas.
Se empezaron a utilizar algoritmos de IA en buscadores y asistentes de voz, aunque nada de esto suponía en realidad un gran salto cualitativo.


