¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Todo lo que hoy conocemos como Inteligencia Artificial (IA) comenzó con una pregunta: “¿Las máquinas pueden imitar el pensamiento humano?”.
Responder a esa pregunta nos ha ayudado a recorrer un camino (para mí, absolutamente fascinante) que comenzaba en una época en la que ni siquiera existía la palabra “informática”, pero donde ya comenzaban a surgir las ideas que darían lugar al pensamiento computacional.
NOTA: Los siguientes párrafos nos ponen en contexto temporal los mayores avances. Todos ellos se explican y desarrollan en capítulos posteriores; Aquí únicamente los situamos en el tiempo para después ir comprendiendo y conociendo en detalle todas las piezas del puzzle.
Los orígenes del pensamiento computacional
Para que existiera la inteligencia artificial, primero tuvo que existir la computación: una manera ordenada y lógica de procesar datos utilizando máquinas.
Gracias a la computación, es decir, a la forma en que los ordenadores procesan y organizan la información fue posible crear sistemas de inteligencia artificial capaces de aprender, razonar o tomar decisiones.
Entender cómo fue esa evolución ayuda a comprender mejor el funcionamiento actual de la inteligencia artificial, sus límites, pero también su potencial. Conocer sus orígenes no es solo una cuestión histórica: nos ayuda a entender por qué se eligieron ciertos caminos, qué consecuencias tuvieron y cómo influyen todavía en las decisiones que toman hoy las grandes empresas tecnológicas.
Nuestra historia comienza en el siglo XIX cuando Charles Babbage, matemático británico, diseñó la llamada Máquina Analítica, un dispositivo capaz de ejecutar instrucciones programadas previamente, para resolver cálculos complejos. Aunque, en realidad, la máquina nunca llegó a terminarse, su diseño sentó las bases para el funcionamiento de los ordenadores tal y como los conocemos.
Por su parte, Ada Lovelace, considerada la primera programadora de la historia, llegaba, casi a la vez, a la siguiente conclusión: que una máquina podía programarse, no solo para cálculo numérico, sino que además podíamos pedirle que ejecutara instrucciones y que manipulara cierta información.
Con ello, Ada Lovelace estaba anticipando unos de los principios teóricos fundamentales de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mundo aún tendría que esperar casi un siglo para ver nuevos avances en esta dirección.


