Internet de las Cosas (IoT) es la red que conecta sensores, dispositivos y máquinas físicas al ecosistema digital, permitiendo que recojan, transmitan y en algunos casos procesen datos sin intervención humana.
Estos dispositivos (también llamados nodos) están presentes en fábricas, ciudades, hogares, vehículos y en el propio cuerpo humano, creando un flujo constante de información.
La inteligencia artificial aprovecha estos datos generados por IoT para entrenar modelos, inferir condiciones en tiempo real o tomar decisiones automáticas que optimizan procesos y mejoran la experiencia de usuarios y organizaciones.
Entre los casos de uso más habituales se encuentran los sensores industriales que anticipan averías mediante modelos predictivos, las cámaras con IA capaces de detectar anomalías en fábricas o entornos urbanos, o los relojes inteligentes que identifican patrones de salud a partir de redes neuronales.
Para que todo esto sea posible, el IoT se apoya en una infraestructura de red específica: Los dispositivos envían sus datos a través de gateways locales, que actúan como puntos de recopilación y primera agregación. Utilizan protocolos ligeros como MQTT o CoAP, diseñados para entornos con baja capacidad de procesamiento y consumo energético reducido.
La información puede transmitirse de forma periódica o continua hacia la nube o hacia servidores de edge computing, donde se procesa y se integra con modelos de inteligencia artificial para generar valor en tiempo real.

