El 17 de octubre, DeepSeek presentó una actualización de V4.1 Flash que generó un interés enorme entre los desarrolladores. Leyendo la documentación técnica me sorprendió encontrar, casi como si fuera un detalle secundario, que también habían lanzado su propio buscador. Espera, ¿cómo? ¿DeepSeek lanza un motor de búsqueda propio? Empecé a buscar información y apenas encontré referencias fuera de los anuncios técnicos. No entendía nada. Podía tratarse de uno de los movimientos más importantes del año y, sin embargo, parecía estar pasando bastante desapercibido. Hasta que vi una posible explicación: el buscador no es para humanos.
El 17 de octubre de 2026, DeepSeek anunció la actualización DeepSeek-V4.1-Flash-1017 y abrió a los desarrolladores dos servicios llamados Search y Fetch, que permiten buscar información en internet y recuperar el contenido de páginas web utilizando su propio motor de búsqueda.
“Su propio motor de búsqueda”: en esa frase estaba, para mí, lo más interesante de un anuncio que inicialmente parecía centrarse en las capacidades del nuevo modelo de inteligencia artificial.
La clave es la siguiente: los humanos ya no somos los únicos que buscamos información en internet. Desde hace tiempo, los asistentes de inteligencia artificial pueden consultar una web para responder preguntas, y los agentes autónomos están empezando a utilizarla como parte de tareas mucho más complejas. Buscan, comparan (imposible no recordar el famoso anuncio de TV…), recuperan documentos, verifican información y utilizan los resultados para decidir qué hacer después.
Si la capacidad de encontrar información actualizada se ha convertido en una parte tan importante de lo que ofrecen estos sistemas, ¿por qué un depender necesariamente de los buscadores de otras empresas? ¿Qué sentido tiene desarrollar modelos cada vez más avanzados si una parte de su capacidad para relacionarse con el mundo depende de infraestructuras que no controlas? Y, especialmente en el caso de China, donde la autonomía tecnológica se ha convertido en una prioridad estratégica, ¿qué importancia puede tener disponer también de un motor propio para acceder a la información?
Para entender lo que hizo DeepSeek hace unos días, merece la pena retroceder unas décadas y recordar cómo llegamos hasta aquí.
Treinta años de internet alrededor de las personas
Recuerdo perfectamente los primeros años de Google en España y el día que recibí una invitación para unirme a Gmail, cuando todavía no podía registrarse cualquiera. Nadie imaginaba entonces hasta qué punto aquella empresa acabaría condicionando nuestra manera de encontrar información. DEsde entonces, internet se organizó alrededor de un comportamiento bastante sencillo: las personas buscábamos algo, examinábamos los resultados y visitábamos las páginas que considerábamos más interesantes.
Cuando Tim Berners-Lee presentó su propuesta para la World Wide Web en 1989, pensó en un sistema de documentos conectados mediante enlaces. Su supervisor en el CERN, Mike Sendall, anotó en aquella propuesta una frase que acabaría convirtiéndose en parte de la historia de internet: «Vague, but exciting…», algo así como «Impreciso, pero emocionante». Pero aquello era demasiado grande para verlo tan de cerca. Tuvieron que pasar meses para que nos diéramos cuenta de lo que Google acababa de hacer.
La llegada de los navegadores gráficos permitió que millones de personas empezáramos a utilizar aquel sistema de búsqueda. Pero, a medida que aumentaba la cantidad de páginas disponibles, apareció un nuevo problema: tener acceso a millones de documentos no servía de mucho si, al haber tanto, resultaba imposible encontrar lo que necesitábamos. Así comenzaron a ganar importancia los directorios y buscadores como Yahoo!, AltaVista y Lycos. Mi querido Lycos.
Google se fundó en 1998 y, para quienes entonces ya trabajábamos en una puntocom, suponía la llegada de un buscador más. Otro más. O eso creíamos. Sin embargo, detrás de ese buscador, Google había desarrollado una tecnología que era la clave de todo: el famoso PageRank, un sistema que era capaz de dar más importancia a unas páginas que a otras.
La idea tenía bastante sentido. Si muchas páginas enlazaban a una determinada web, especialmente si esos enlaces procedían de sitios que también eran importantes, podía interpretarse como una señal de que aquella página era más interesante que otra. No significaba que fuera mejor, ni más fiable, pero ayudaba, al menos, a destacar algunas entre millones, a clasificar y con ello, a hacer más fácil la vida a los usuarios.
Google no inventó la búsqueda en internet, pero consiguió que encontrar información fuera fácil y sobre todo, útil.
Las empresas se dieron cuenta de que aparecer entre los primeros resultados suponía grandes oportunidades comerciales. Si una tienda, un medio de comunicación o una empresa de servicios no aparecía en Google, podía resultar prácticamente invisible para sus posibles clientes. Y así fue como apareció toda una industria dedicada a mejorar el posicionamiento de las páginas, lo que conocemos como SEO, Search Engine Optimization.
En principio, muchas de aquellas técnicas tenían bastante sentido. Organizar correctamente los contenidos, utilizar títulos descriptivos, identificar las imágenes o facilitar que los buscadores entendieran la estructura de una página también podía mejorar la experiencia del lector. Pero cuando la posición en los resultados empezó a suponer ingresos, aparecieron, cómo no, prácticas cada vez más agresivas. Repeticiones artificiales de palabras clave, contenidos escritos para satisfacer al algoritmo y páginas construidas fundamentalmente para captar visitas.
La web comenzó a adaptarse a las preferencias de los buscadores y, con ello, muchas veces dejó de hacerlo a las necesidades de las personas. Pero a eso dedicaré otro análisis.
Y entonces llegó ChatGPT y nos ofreció una experiencia completamente distinta: «Tú dime qué necesitas y yo te preparo una respuesta».
Maravilloso. En lugar de visitar varias páginas, le preguntábamos, él buscaba, hacía un resumen organizado y nos lo daba.
Y entonces apareció otra cuestión interesante. El usuario dejaba de abrir Google o Bing, pero la búsqueda no desaparecía. Simplemente dejábamos de ver la página de resultados y todo ocurría detrás.
Cuando quien busca información deja de ser humano
Después de muchos años funcionando para humanos, los modelos de lenguaje (ChatGPT, Claude…) lo hacían por ellos, devolvían la respuesta y ahorraban tiempo en esa búsqueda. Pero entonces llegaron los agentes autónomos y llevaron ese proceso aún más lejos.
Imaginemos una empresa que necesita encontrar proveedores de determinados componentes para fabricar, por ejemplo, robots. Antes, lo hacía una persona que pasaba horas buscando fabricantes, consultando catálogos, descargando documentos técnicos, comparando especificaciones y, con todo ello, preparaba una primera selección de empresas.
Un agente de inteligencia artificial puede automatizar parte de ese trabajo: buscar fabricantes, identificar sus páginas oficiales, acceder a determinados catálogos, localizar documentación técnica, comparar características y organizar los resultados en un informe. Si encuentra una contradicción, puede realizar nuevas búsquedas y si necesita comprobar una especificación, puede intentar localizar el documento original. Podríamos recibir un informe para el que se ha utilizado información de cientos de páginas consultadas sin haber visitado ninguna de ellas.
Lógicamente, y más en una decisión empresarial, la verificación humana es imprescindible pero está claro que el cambio en la forma de trabajar es enorme.
Y aquí llegamos a donde os quería traer: las páginas web siguen siendo imprescindibles porque contienen la información, pero lo que empieza a cambiar es su función dentro del proceso. Antes era el destino al que queríamos llevar a nuestro cliente y ahora es información con la que “alguien” tomará una decisión. El modelo de inteligencia artificial es el que interpreta los datos, la herramienta es la que encuentra las páginas, el sistema es el que recupera su contenido y, después de todo, la aplicación es la que nos da la respuesta.
Y para el usuario puede ser únicamente visible esta última respuesta. Este es nuestro punto de partida para entender el resto del análisis.
Search y Fetch: una infraestructura para leer internet sin navegar
DeepSeek ha abierto dos servicios complementarios que permiten a los desarrolladores incorporar búsquedas en internet dentro de sus aplicaciones.
El primero se llama Search. Recibe una consulta y devuelve una lista de resultados organizados en un formato estructurado, conocido como JSON. Se trata de una forma de presentar información mediante campos que los programas pueden interpretar directamente.
Cuando una persona utiliza un buscador convencional, recibe una página con enlaces, fragmentos de texto y distintos elementos visuales que le ayudan a decidir dónde hacer clic. Cuando una aplicación utiliza Search, recibe información organizada para que pueda procesarla sin necesidad de mostrar una pantalla de resultados.
El segundo servicio se llama Fetch. Su función es recuperar el contenido de una página concreta y devolverlo en Markdown, un formato de texto que permite conservar títulos, apartados, listas y enlaces sin arrastrar toda la complejidad visual de la web original.
El agente no necesita la parte de diseño, se queda solo con el contenido y eso es lo que Fetch le facilita.
Es decir, un agente de IA puede utilizar Search para localizar fuentes y Fetch para extraer el contenido de las que considere importantes. Después, puede analizar los textos, compararlos y volver a buscar si necesita más información.
DeepSeek afirma que su motor de búsqueda procesa cientos de millones de consultas diariamente e indexa cientos de miles de millones de páginas web. También asegura disponer de mecanismos para detectar contenidos de baja calidad y distintas formas de manipulación de resultados.
¿Por qué una empresa de modelos de IA necesita su propio buscador?
Aquí llegamos a una de las cuestiones que a mi me parece más importante y que semanas después no se ha visto en titulares.
DeepSeek es conocida por sus modelos de inteligencia artificial, ¿por qué decide lanzar un motor de búsqueda?
La primera causa es fácil de imaginar: la dependencia tecnológica. Si una empresa depende de servicios de búsqueda proporcionados por terceros, parte de la capacidad de sus productos depende también de las decisiones de esos proveedores. Y no olvidemos que Google, que es competencia de las demás empresas de IA, puede cambiar precios, retirar servicios o cambiar condiciones a su antojo.
Recordemos que Microsoft, por ejemplo, retiró sus APIs tradicionales de Bing Search en agosto de 2025 y obligó a los desarrolladores que utilizaban aquellos servicios a buscar otras alternativas o adaptar sus aplicaciones. Disponer de una infraestructura propia te da, sin duda, un mayor control sobre tu producto.
La segunda razón es la integración tecnológica.
Cuando una empresa desarrolla tanto los modelos como las herramientas que buscan la información, puede intentar optimizar ambas partes a la vez, cambiar la forma de seleccionar contenidos o mejorar la relación entre las preguntas que formula el agente y los documentos que recibe de esa búsqueda.
El tercer motivo es económico.
Cada vez que una aplicación consulta un servicio externo de búsqueda, alguien proporciona la infraestructura necesaria para localizar y recuperar esa información. Esa operación tiene un coste y puede generar ingresos para el proveedor.
DeepSeek no solo puede quitarse ese coste sino ofrecer ese servicio junto con sus modelos de inteligencia artificial. Esto supone aumentar su presencia dentro de la cadena de valor de la inteligencia artificial.
Y el cuarto motivo es también importante: estrategia.
En China, la autonomía tecnológica es una prioridad que afecta a numerosas industrias, desde los semiconductores hasta los sistemas operativos, la computación en la nube y la inteligencia artificial. Disponer de tecnologías propias no significa necesariamente dejar de utilizar soluciones extranjeras, sino reducir la exposición a decisiones, restricciones o interrupciones que puedan producirse fuera del propio ecosistema. Ser menos vulnerable.
La búsqueda hasta ahora no ha entrado en ese juego pero podría darse el caso de restricciones o peor calidad de los resultados. No olvidemos que Google es su competencia.
Deepseek no es la primera empresa que identifica esta oportunidad. Brave dispone de servicios de búsqueda diseñados para aplicaciones de inteligencia artificial y agentes, por tanto el anuncio es importante porque combina varias capacidades dentro de una misma oferta: modelos de inteligencia artificial, un motor de búsqueda generalista y servicios para recuperar contenidos web.
¿Qué sucede cuando una visita deja de tener valor económico?
Durante años, internet establecía una relación muy sencilla: una página publicaba contenido, un buscador ayudaba a encontrarlo y una persona llegaba hasta ella. Esa visita podía generar ingresos publicitarios, una suscripción, una compra o una oportunidad comercial.
Los medios de comunicación, los comparadores de precios, las tiendas online y numerosas empresas construyeron parte de su actividad sobre esa relación entre contenido, visibilidad y tráfico, pero ¿qué pasa cuando un agente consulta una página, utiliza su información y entrega directamente la respuesta al usuario sin que este necesite visitarla?
La información continúa generando valor, pero ese valor ya no tiene por qué traducirse en tráfico hacia su origen. Yo misma soy consciente de cuanta gente resume mis análisis con ChatGPT para después utilizarlos en su propio contenido. Eso no hace (o eso espero) que alguien deje de visitar esta web o de suscribirse a mi newsletter. Y tal vez quienes no analizan, estudian o escriben, dejan de tener u conocimiento que puede ser útil en una conferencia, entrevista o formación.
Indudablemente empiezan a tener más importancia los acuerdos de licencia, los mecanismos de atribución y las posibles formas de compensación a quienes producen contenidos, pero algo está claro, una fuente podría terminar siendo utilizada para elaborar miles de respuestas sin recibir un volumen equivalente de visitas.
Como editora y responsable de un medio especializado, esta cuestión me parece especialmente relevante. La producción de información rigurosa requiere tiempo, investigación y recursos. Si los sistemas de inteligencia artificial necesitan contenidos de calidad para ofrecer buenas respuestas, pero su utilización no contribuye a sostener económicamente a quienes los producen, va a aparecer un nuevo problema. Y la cuestión económica no es únicamente quién cobra por buscar información, sino quién recibirá una parte del valor que esa información permite generar.
Riesgos y límites: cambiar un intermediario por otro
Volvamos a DeepSeek. La aparición de nuevos buscadores puede ampliar la competencia y reducir determinadas dependencias tecnológicas, pero también plantea una nueva posibilidad: la de sustituir a unos intermediarios por otros.
Durante años, los buscadores han tenido una enorme influencia, a veces demasiada, sobre los contenidos que encontraban los usuarios, porque sus sistemas de clasificación determinaban qué páginas recibían visibilidad. Ahora esa influencia, no solo sigue, sino que es menos visible.
El usuario recibe una respuesta y ya no ve ni siquiera de qué páginas proviene, qué fuentes fueron descartadas ni qué criterios se utilizaron para seleccionar los documentos que finalmente llegaron al modelo. La intermediación se desplaza desde una página de resultados que podemos examinar hacia una infraestructura técnica que no nos deja ver.
DeepSeek ofrece ahora dos cosas que antes podían depender de empresas distintas: sus modelos de inteligencia artificial y un buscador que les permite encontrar información actualizada en internet.
Eso sí, aunque algunos modelos de DeepSeek pueden descargarse e instalarse en servidores propios, su buscador funciona a través de API. Es decir, puedes tener el modelo funcionando en tu propia infraestructura, pero seguir necesitando conectarte a DeepSeek para utilizar Search y Fetch.
Una internet que seguirá siendo humana, pero tendrá nuevos lectores
El anuncio de DeepSeek no significa que estemos asistiendo al nacimiento de una internet nueva para que la utilicen las máquinas. Las páginas continúan alojadas en servidores, los documentos siguen siendo producidos por personas y organizaciones, y los usuarios conservamos (espero que quién me lea los conserven) numerosos motivos para navegar directamente.
Pero ahora la información puede recorrer un camino mucho más largo antes de llegar a nosotros. Un agente formula una consulta, un servicio de búsqueda selecciona posibles fuentes, otro recupera los contenidos, un modelo los interpreta y una aplicación presenta el resultado.
Cada una de esas operaciones puede convertirse en una actividad económica. Cada proveedor puede influir en la información que finalmente recibe el usuario. Y cada empresa que controle una parte de esa infraestructura puede adquirir una nueva posición dentro de la industria.
DeepSeek entra en esa competencia con un buscador que identifica como propio, herramientas de recuperación de páginas y precios diseñados para facilitar numerosas consultas desde aplicaciones. Todavía tiene que demostrar la calidad de su índice, la fiabilidad de sus resultados y su capacidad para conseguir una adopción significativa fuera de sus propios productos.
Sería prematuro anunciar el final del dominio de Google, como también sería incorrecto presentar a DeepSeek como la empresa que ha inventado la búsqueda para agentes, pero esta decisión permite identificar una transformación industrial que va mucho más allá de un nuevo servicio.
Ahora empieza a aparecer otro camino, menos visible, entre las aplicaciones de inteligencia artificial y las fuentes que necesitan consultar para funcionar. Y controlar ese camino también puede convertirse en un negocio muy importante.
Para las empresas que desarrollan modelos, disponer de herramientas propias de búsqueda puede significar reducir dependencias, mejorar la integración de sus productos y participar en nuevas actividades económicas. Para los desarrolladores, supone disponer de más alternativas. Para los productores de contenidos, introduce nuevas incertidumbres sobre el tráfico, la atribución y los ingresos. Y para los usuarios, plantea una pregunta que posiblemente adquirirá cada vez más importancia: ¿quién decide qué información reciben los sistemas que trabajan en nuestro nombre?
Y aquí es donde yo veo la importancia del movimiento de DeepSeek.
Es más, apostaría a que en breve se iniciará una nueva carrera dentro de las tecnológicas. La de desarrollar sus propios buscadores.

